Comandante José Valdés Martel

José Valdés Martel es, sin duda, uno de los grandes héroes de la infantería española del siglo XX. Reconocido por su valentía y coraje en combate, así como por la impresionante cantidad de galardones obtenidos a lo largo de su carrera, su figura destaca tanto entre aliados como entre adversarios. Sin embargo, lamentablemente, su nombre ha quedado relegado al olvido, siendo uno de los personajes menos conocidos de nuestra historia.

Nacido en Madrid el 20 de noviembre de 1892, Valdés Martel provenía de una familia acomodada. Su padre, José Valdés Rubio, era catedrático de derecho penal en la Universidad Central de Madrid, hoy conocida como la Universidad Complutense de Madrid, mientras que su madre, Teresa Martel González, completaba el núcleo familiar. En 1907, con tan solo 15 años, ingresó en la Academia de Infantería, y tres años después fue destinado como segundo teniente al regimiento de Melilla, donde participó en su primer combate.

En el verano de 1911, combatió en las arduas batallas de Talusit e Ishafen, seguidas por las de Beni Bu Gafar y Beni Salem. Su desempeño excepcional le valió la Cruz Roja al Mérito Militar, una distinción otorgada a quienes destacaban por sus méritos en el campo de batalla. Posteriormente, en enfrentamientos como los de Lomas de Sammar, Tumiat y Río Martín, acumuló méritos suficientes para ser ascendido a primer teniente y ser transferido al regimiento de Covadonga. Más adelante, fue destinado al Tabor de Arcila, participando en múltiples batallas, incluyendo las de Aonzar, Xarquía, Arbaua y Seguedla.

En 1914, asumió una misión especialmente arriesgada bajo las órdenes del general Silvestre: neutralizar un grupo de rebeldes en Larache. Durante este enfrentamiento, se enfrentó a un enemigo superior en número, liderando a sus hombres con determinación y siendo el primero en entrar en combate. Gracias a su heroísmo, obtuvo la Cruz de María Cristina y, en 1918, recibió la Cruz de San Fernando de primera clase por Real Orden.

En 1915, se unió a las fuerzas regulares indígenas de Larache, donde nuevamente demostró su valor, siendo condecorado con una segunda Cruz de María Cristina. Ascendió a capitán y recibió una tercera Cruz de María Cristina por su actuación en posteriores enfrentamientos. En 1917, regresó al regimiento de Covadonga, y aunque buscaba tranquilidad tras contraer matrimonio, continuó liderando tropas, esta vez en la policía indígena de Ceuta, donde recibió otra Cruz Roja al Mérito Militar.

La situación del país se deterioró tras 1921, y Valdés Martel destacó una vez más por su coraje. En 1922 fue ascendido a comandante por méritos de guerra y se le asignó la tercera Bandera de la Legión, bajo el mando de Millán Astray. Su liderazgo en Uad Lau y su apoyo a un Tabor de Regulares le valieron el reconocimiento del ministro de Guerra.

Además de su carrera militar, Valdés Martel dejó huella en el ámbito literario como redactor jefe de la revista Tropas Coloniales. Sin embargo, su vida llegó a un trágico final el 5 de octubre de 1924, cuando, al liderar una columna en una misión desesperada, sufrió graves heridas en combate. Fue trasladado al hospital de Tetuán, donde falleció días después. Fue enterrado con honores en el cementerio local, arropado por la bandera nacional y acompañado por las flores de sus compañeros y legionarios.

Décadas más tarde, su legado fue rescatado por su hijo, José María Valdés Cavanna, quien escribió Comandante Valdés, Memorias de África, una obra que rinde homenaje a un hombre valiente, generoso y justo que sacrificó su vida por el deber. Valdés Martel sigue siendo un ejemplo de heroísmo y lealtad para la historia de España.