Sargento Carlos Zarraluqui

Carlos Zarraluqui se destacó por su valentía en los combates de Beni Salach, siendo reconocido con la Cruz Laureada de San Fernando por su coraje excepcional. Nació el 30 de octubre de 1883 en El Palmar, Murcia, y dedicó su vida entera al servicio militar. A los 20 años, el 13 de mayo de 1913, se incorporó como soldado voluntario al Batallón de Cazadores de Llerena nº 11, donde realizó su formación inicial. Con este batallón participó en operaciones en el Protectorado, en la Comandancia de Tetuán. Durante 1913, integró misiones de protección y conducción de convoyes y participó en los combates de Laucién, Lomas de los Arapiles, Izarduy y Barranco de Laure.

En 1914 fue ascendido a cabo de Infantería y, ese mismo año, intervino en la ocupación de Izarduy el 30 de septiembre. También se destacó en los combates de Beni Hosmar el 8 de diciembre, lo que le valió dos Cruces al Mérito Militar con distintivo rojo. En 1915 dejó el Batallón de Cazadores de Llerena para unirse a las Fuerzas Regulares Indígenas de Melilla, ascendiendo ese mismo año a sargento de Infantería.

El 5 de abril de 1919, Zarraluqui encontró la muerte heroicamente en los combates de Beni Salach. El enfrentamiento se desarrolló en un extenso frente de 2 kilómetros, desproporcionado para el número de efectivos del Tabor de Regulares. La tercera Compañía del Tabor, en una posición aislada y con pérdidas significativas, recibió la orden de replegarse, contando con el apoyo de la compañía del capitán Soto, en la que servía el sargento Zarraluqui.

Bajo las órdenes del teniente Estanislao de Cubas, Zarraluqui lideró un pelotón hacia una posición estratégica que ofrecía cobertura tanto para la retirada de la tercera Compañía como para el despliegue de su propio grupo. Aunque lograron completar la retirada, enfrentaron un terreno difícil y el constante hostigamiento de los rifeños. El enemigo, alarmado por la presencia del pelotón de Zarraluqui, concentró sus ataques en su posición. Sin embargo, Zarraluqui y sus hombres mantuvieron firme su defensa, protegiendo a sus compañeros con un notable ejemplo de valor y compañerismo.

Durante el combate, Zarraluqui fue herido en la mano, pero continuó liderando y alentando a sus hombres. Al finalizar la misión, rechazó abandonar el campo pese a las recomendaciones de sus compañeros, minimizando su herida como “un simple arañazo”.

La fase más peligrosa llegó con la retirada final bajo intenso fuego enemigo. En un momento crítico, Zarraluqui lideró una contraofensiva para recuperar una posición estratégica que habían perdido. Durante este enfrentamiento, sufrió un disparo en la boca pero continuó combatiendo, decidido a desalojar al enemigo. Finalmente, lograron el objetivo, pero una última herida en el pecho terminó con su vida en el campo de batalla. Su sacrificio aseguró el éxito de la misión y dejó un legado de heroísmo.

El cuerpo de Zarraluqui permaneció en el campo de batalla hasta que pudo ser recuperado. Hoy, sus restos descansan en el Cementerio Militar de Tetuán, como testimonio de su entrega y valentía.