Segundo Teniente Eduardo Aizpuru
Eduardo Morales Durillo de Aizpuru fue una figura crucial, aunque poco reconocida, en la historia de España. Este valiente oficial sacrificó su vida por su patria mientras comandaba una sección de caballería de las Fuerzas de Policía Indígena. Por sus actos heroicos, recibió numerosas condecoraciones, entre ellas la medalla al mérito militar de primera clase con distintivo rojo.
Nacido en Linares, Jaén, en 1892, Eduardo Morales falleció el 28 de diciembre de 1916. Hijo de un comandante de infantería que sirvió en la brigada disciplinaria y sobrino del general Aizpuru, desde joven estuvo destinado a seguir una vida de servicio militar. Su valentía y comportamiento ejemplar lo convirtieron en una figura admirada, especialmente tras su trágica muerte en el campo de batalla, donde se mantuvo firme transmitiendo ánimo y liderazgo a las tropas indígenas bajo su mando.
Eduardo Morales ingresó en el ejército como soldado número 59 en el regimiento de Melilla y, en 1909, accedió a la academia de infantería. Posteriormente, fue destinado a Ceuta para servir en África. En mayo de 1913, fue ascendido a primer teniente por méritos de guerra y recibió la cruz de San Fernando. En enero de 1915, fue transferido al tabor de la Policía Indígena de Tetuán, aunque enfermó y tuvo que ser reasignado al regimiento de Asturias número 31, donde sirvió hasta finales de ese año. Finalmente, regresó a Melilla, donde continuó su labor en la Policía Indígena, pasando por distintas secciones hasta integrar la cuarta Mía, con la que participó en importantes operaciones bajo el mando del comandante Martínez Monje.
El 28 de diciembre de 1916, durante una operación para ocupar posiciones estratégicas en Ifrán Buasa, Dar Buzzada y otras localidades cercanas, las fuerzas lideradas por Morales enfrentaron constantes ataques rebeldes. A pesar de la resistencia enemiga y las heridas graves sufridas por varios miembros de su sección, el teniente Morales se mantuvo al frente de sus hombres. En el transcurso de la batalla, fue gravemente herido en el pecho, pero continuó luchando con una valentía extraordinaria. Más tarde, recibió una herida en la cabeza que resultó fatal.
Este andaluz valiente, cuya vida estuvo marcada por el sacrificio y el honor, descansa actualmente en el cementerio de Melilla, dejando un legado de heroísmo y abnegación.
